El mito del "líder nato": por qué el mandón de tus trabajos en equipo probablemente será un pésimo jefe
Eran las 11:47 p.m. de un domingo y el chat del grupo tenía 143 mensajes sin leer. Todo empezó bien. Cuatro estudiantes, un trabajo final de Administración, una fecha de entrega imposible. Y como en cada equipo universitario que se respete, apareció el personaje de siempre: el que se autoproclamó líder desde el minuto uno. Repartió tareas sin preguntar. Interrumpía en las llamadas. Decía cosas como "yo ya sé cómo se hace esto, solo hagan lo que les digo". Tenía carisma, hablaba fuerte, se paraba al frente en las exposiciones. Todos pensamos: este nació para mandar . Se equivocaron. El trabajo salió mediocre, dos personas del equipo dejaron de contestar el chat, y la nota reflejó exactamente ese caos. Mientras tanto, en la esquina del grupo, una compañera que casi no hablaba en clase empezó a hacer algo distinto: preguntaba qué se le dificultaba a cada quien, ajustaba las tareas según eso, y cuando alguien se atrasaba, se quedaba a ayudarle en vez de regañarlo. Terminó ...